No te puedo describir como se siente bailar a las 7am un set de disco tan cabrón. Así viví Trópico 2017 – Apolorama

No te puedo describir como se siente bailar a las 7am un set de disco tan cabrón. Así viví Trópico 2017


Este artículo se lee en 9 minutos

Por Emilio Lupone

Hay festivales que se enfocan en la locación, hay festivales que se enfocan en el hype de los artistas, hay festivales que se enfocan en el sincretismo de aptitudes y disciplinas. Trópico hace algo diferente, se enfoca en una experiencia, y no digo que otros festivales mexicanos no lo hagan, pero la forma en la que Trópico cura su festival toma otro sentido.

Si el traslado de un lugar a otro puede ser un dolor de huevos, como en el Corona Capital, aquí es diferente. Los organizadores te ponen una bolsita de hielo y lo hacen todo dentro de un mismo hotel a distancias mínimas.

Para llegar a cualquiera de los 5 escenarios no tienes que caminar más de 8 minutos, y eso ya es mucho tiempo para cualquier ser humano enervado en sustancias que alteran la consciencia. Además de que está tan bien diseñado el uso de espacio que entre los escenarios nunca se cruza el sonido y eso habla mucho de la importancia que le dan a los ingenieros de sonido, el sistema de audio y la planeación de horarios.

Y hablando de horarios, pfff. Siempre se lucen con su curaduría. Se ve que no son chamacos que les gusta la fiesta y quieren hacer dinero de ella. Como yo lo siento, son ravers profesionales que llevan años asistiendo a infinidad de eventos y festivales y que saben lo que les gusta y lo que no.

El escenario de la playa está reservado, siempre, para la crema y nata de su Line-Up. Este año, para mi grata sorpresa, después de saber que los maestros y recurrentes Rebolledo y Superpitcher no iban a estar presentes, Rub N Tug tomaron su lugar y volaron cabezas y chanclas. Qué pedo con el disco revival que cargan esos vatos. Yo llevaba 20 horas bailando con 2 horas de sueño de por medio y mis pies no podían no moverse. El año pasado Pachanga Boys me llevo por un viaje mental en el amanecer, pero este año Rub N Tug me reventó las rodillas chupando los pocos gramos de éxtasis que quedaban en mi cuerpo.

Definitivamente los organizadores saben curar el viaje de 3 días que es Trópico. Quantic tocando su cumbia sabrosa en la mañana, Rodrigo Gallardo con su sonido andino tan peculiar y refinado, Petit Bisquit con su trap francés. Wow.

Hay veces, como en Mutek, que por más que escribas son experiencias que se tienen que vivir. No te puedo describir como se siente bailar a las 7am con tus pies en la arena un set de disco tan cabrón. O sentir la brisa de Acapulco mientras los jefes de Innervision te dan cátedra. Nadar en la alberca a los ritmos de Quantic, o escuchar a las morras gritar por Polo & Pan cuando revientan Escorpión. Como siempre, lo más que uno puede aspirar es decirles que Trópico tiene sello de garantía musical, cualquier melómano se los puede confirmar y mostrarles algunas de las imágenes que logré hacer en medio de tanto éxtasis auditivo y corporal.

Pero, algo que sí puedo hacer es decirles lo que para mi fueron los mejores 10 actos que presencié este año.

1. Rub N Tug

2. Marcus Marr

3. Áme

4. Mano Le Thoug

5. Rodrigo Gallardo

6. Pional

7. Vitalic

8. Petit Bisquit

9. Concret

10. Quantic

Lamentablemente Polo & Pan no pude disfrutarlos y no tengo argumentos para ponerlos en mi lista. Pero yo vi a TODO el mundo prendidos as fuck, entonces les doy mención honorífica y la neta sí son muy buenos.

A Thunercat me hubiera encantado verlo pero hospedarme en el Princes me quitó más tiempo del que quería.

Y por cuestiones ajenas a mis deseos de atasque, tuve que regresarme el domingo y me perdí a Kerala Dust, Matanza y Flamingosis de los cuales escuché grandes cosas, sobre todo de Kerela. Pero bueno, espero que los que se quedaron lo hayan disfrutado por todo esos que no pudimos.

Pero siempre he pensado que cuando se hace cualquier tipo de periodismo hay que ser completamente objetivos, más allá de tus experiencias y de tu propia subjetividad. Y sí creo que este año fue el último año que Trópico guardó la magia que contenía y que llevaban los asistentes en ediciones pasadas. Lo digo por muchas razones, una de ellas es que este año fue el año en que más gente ha ido y casi el doble que el año pasado. Alrededor de 5000 personas asistieron esta edición contra las 3500, masomenos, del año pasado. Y eso nunca es buena noticia para la comunidad y la creación de una atmósfera rica y disfrutable.

Todos sabemos que las primeras ediciones de cualquier festival van todos aquellos clavados y conocedores que van con el propósito de escuchar y vivir una experiencia musical más que un fin de semana fuera de la ciudad con tus amigos poniéndose hasta el pito. Y no son especulaciones. Yo soy ese tipo de personas que  me gusta preguntar y platicar sobre a quién quiere ir a escuchar la gente. Esa platica de gustos musicales donde se presentan los horarios de cada quien, donde cuentas los artistas que más te emocionan y si encuentras similitudes poder hablar sobre ellos, sus disqueras, experiencias pasadas con artistas similares o discusiones de presentaciones pasadas del mismo artista son muy valiosas para mi y sobre todo, generan ambientes mucho más amenos. Desde que regresé, y ahí mismo, platiqué con varias personas sobre esto, tratando de hacerme una idea general sobre el público que fue y tratar de ser lo más objetivo posible y me encontré con muchas respuestas similares:

“Pues la verdad yo solo voy a ver que pedo, no hay nadie que me emocione”. “Casi no vi a ningún artista, estuve echando la peda con mis amigos en el cuarto”. No me dio tiempo de ver a casi nadie… “Vi a uno que me gustó mucho el sábado pero no me acuerdo como se llama” – ¿Y del viernes te gustó alguien? – “Sólo vi a uno y tampoco me acuerdo como se llama, estaba muy pedx y muy cansadx”.

Este tipo de respuestas me pintan una imagen del el público que fue este año y que probablemente vaya el que sigue, una imagen que les tiene sin preocupación que está pasando más allá de su estado anal. Y me dirán, quién eres tu para juzgar quién va o quién no va o que hace cada quien? En efecto cada quien hace lo que quiere, y sí. Tú haces de tu culo un papalote, pero esa actitud le quita la magia de unión a un festival. Esa unión que sólo la música tiene el poder de crear. No hay sensación comparable como el estar en un escenario donde sientes que todo es alegría, que todos son tus amigos y que todos están ahí con un mismo propósito. Viajar fuera de esta realidad por un momento para hacer una unión corporal y auditiva con tu entorno y con tu persona.

Porque más allá de ir a escuchar es tener una experiencia placentera, y esto implica mucho más que la locación, la organización y la curaduría. Es la unión con la gente que está ahí, aunque no les dirijas la palabra. Y qué hippie pensamiento, lo sé. Pero por algo hay festivales que pasan a la historia como algo que se convirtió en un punto de reunión y encuentro de gente, ideologías y pensamientos. Este Trópico, no tuvo eso. Y me da tristeza porque creo que los organizadores no tuvieron nunca en mente hacer un festival por dinero o cosas tan banales como ir a echar la peda a gusto en Acapulco, se siente que lo hacen con amor.

Aún así, Trópico tiene un concepto que pocos festivales logran llevan acabo y les aplaudo.


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