Ojalá pierdas. – Apolorama

Ojalá pierdas.


Este artículo se lee en 6 minutos

Y no te lo deseo con mala fe, o tal vez sí. Pero no por hacerte daño sino todo lo contrario y es que si partimos del principio que habla de perderse para encontrarse es cuando todo puede empezar a tomar sentido.

En algún momento te ha pasado o te pasará, admítelo, o tal vez eres el clásico “a mí no”.

Las llaves del coche, de la casa o del cinturón de castidad que te pusieron bordado de prejuicios, las pierdes para después encontrarlas en el lugar más estúpido y darte cuenta que en la vida nos pasa algo similar, entre más te esfuerzas por pensar en el lugar más complicado para buscar tus respuestas, menos las encuentras. Hasta que dejas de buscar.  Pero en su lugar encuentras cosas de las cuales ni si quiera te acordabas.

Pierde la noción del tiempo, sobre todo con una buena platica, normalmente también te pasa en la fila del banco o en alguna oficina de gobierno donde se rigen por el tiempo medido en trámites, pero cuando la pierdes con una plática o en unos ojos sin manecillas, te das cuenta y entiendes la teoría de la relatividad.

Vaya genio que era Einstein.

Malditas sean las medidas de tiempo que el humano se ha inventado para controlar las cosas, los fichajes del trabajo, las horas extras que casi nunca son pagadas, las horas nalga en la oficina, el tiempo reglamentario de espera antes de que llegue tu cita.

Pierde la noción del tiempo incluso platicando contigo y deja que se mida el mismo por respiros, sonrisas, palabras, miradas o suspiros en solitario, eso te hace un poco más persona. Espero.

Pierde la cuenta, de los besos, los que no nos dimos o los que nos dimos con la mirada. La cuenta de cuantas veces rozó tu mano con la mía como si no hubiera querido hacerlo, la cuenta de cuántas miradas, de cuántas palabras robadas. La cuenta en un bar, esa sí que es peligrosa, tu tarjeta puede terminar sangrando. Pierde la cuenta, que los números solo se inventaron para contar las cosas de menos valor, como el dinero.

El boleto del estacionamiento, es que éste aunque no te lo diga algún día te pasa. Piensas que tendrás que pagar de más por imbécil, te lo buscas incluso dónde nunca meterías las manos, para después sonreír cuando lo encuentras. Que increíble resulta que un papel tan diminuto te haga sonreír ¿no? Ahora disponte a disfrutar de las cosas que tienes antes de perderlas.

La virginidad, imagino que no tengo que argumentar el porqué. Si piensas que debo hacerlo, ve a perderla y después regresas a leer esto.

O no.

Pierde el celular, así perderás todos los contactos a los que nunca llamabas y cuando compres el próximo habrás hecho una limpia de todas esas personas que sólo ocupaban memoria innecesaria y que tanto remordimiento te costaba borrarlas. En el celular también.

Pierde un condón. Ésta lleva algunas variantes. Tendrás que hacer uso de una gran fuerza de voluntad, conocer tus límites y darte cuenta que una ducha de agua fría a veces hace bien para la circulación. O puedes empezar a replantearte tu vida y pensar todo lo que implica tener un bebé. En el último caso, piénsalo después de la ducha de agua fría.

Si eres hombre aprenderás que no sólo porque se puede se debe, ni se debe sólo porque se puede.

Si eres mujer, bien por tomar la iniciativa, habrás salvado al cabrón del punto anterior (en caso de que encuentres el globito, claro) pero si lo pierdes también podrás conocer a fondo la verdadera intención del mismo y qué tan cabrón pudo resultar.

Pierde el control de vez en cuando. No si perdiste el anterior.

Sí, si es el de la televisión.

Pierde el rumbo, seguro te encontrarás en el camino a ti o a alguien más que te recuerde quién eres o lo que puedes ser. Si el camino está muy marcado es porque han pasado varias veces, varias personas y seguramente habrán llegado al mismo destino que estará lleno ya, así que salte del camino señalado y marca tú, una nueva ruta.

Pierde una batalla, sobre todo cuando vienes de ganar una guerra eso te ayudará a ser mas humilde y poner los pies en la tierra después de haber salido en hombros.

Pierde la paciencia. Como todo lo demás, después la podrás encontrar de nuevo.

Pierde los pretextos, pero jamás las historias.

Pierde las excusas, encuentra los medios y conviértelos en completos.

Pierde un domingo, sobre todo si es en un ombligo.

Y un lunes. Pero nunca juntos.

El fin de semana completo.

Pierde una corbata y un saco, y todo lo que esto signifique.

Pierde una lágrima, y sólo de vez en cuando la sonrisa.

Pierde un suspiro, por alguien que valga la pena. Y vuelve a perderlo cada que conozcas a otro que lo vuelva a valer, que estos son placeres renovables y renovadores.

Pierde la mirada, si es en otra mejor. Entonces también piérdete en la misma.

Pierde un amanecer, sólo si lo pierdes por hacer el amor.

Pierde, pierde tanto como puedas y cuanto no puedas mejor que es sólo en la adversidad donde conocemos nuestra verdadera capacidad, nuestras ganas, nuestra fuerza.

Piérdete que sólo así también te encuentras.

Por eso es que te deseo que ojalá pierdas.

 

 

 

 

 

Lo que si no te puedes perder nunca son las ilustraciones en el Instagram de @clauslva

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